lunes, 23 de mayo de 2016

Letras... Golpe y Estado en Venezuela.

Lo primero que se hizo reiteradamente y por todos los medios fue identificar al partido con el pueblo. Acción Democrática era «el partido del pueblo», lo que al final iba a significar la confusión de la noción de pueblo y de partido que son, por su naturaleza, antagónicas. También, «la gloriosa juventud militar» se convirtió ipso facto en «el ejército del pueblo», de modo que se creó un mito central constituido por «el partido del pueblo», «el ejército del pueblo» y «el gobierno del pueblo». No solo se puso todo el aparato del Estado al servicio de la creación de estos mitos sino, también y sobre todo, al servicio del crecimiento y la expansión del partido. Se había anunciado: «Ni un solo distrito, ni un solo municipio sin organismos del partido» desde 1941, pero este propósito pudo alcanzarse rápidamente cuando partido y gobierno se confundieron dentro del gran mito del «gobierno del pueblo por el partido del pueblo y por el ejército del pueblo». Era «el triunfo alcanzado por el ejército y el pueblo unidos contra el funesto régimen político que venía imperando en el país».
El discurso y la acción legitimadora del golpe abarcaron toda la acción del gobierno para lograr una falsificación peligrosa no solo de la historia sino de la realidad contemporánea. Se forjaron símbolos y temas, se repitieron estribillos y no se vaciló en asimilar aquellos sucesos al proceso histórico de la independencia nacional. Se llego a hablar de la «segunda independencia». La acumulación durante muchos años de esta «mitología política» es uno de los hechos más importantes y de mayor influencia en la evolución de la sociedad venezolana desde 1945 hasta hoy, hasta el punto de que adquiría casi un valor de herejía cualquier intento de revaluar en su estricta verdad la historia contemporánea, que resulta hoy casi desconocida para la mayoría de los venezolanos. Es este uno de los mayores daños que la ruptura de 1945 le ocasionó a este país y habrán de pasar muchos años y casi generaciones enteras para que, en nuevas circunstancias, se pueda hacer una revaluación sincera de la historia de Venezuela desde la muerte de Gómez hasta el presente.

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