martes, 23 de febrero de 2016

Letras... Voces de Chernóbyl, Svetlana Alexievich






Creo que si Svetlana Aliexievich no hubiese ganado el Nobel de Literatura el año pasa, jamás habría leído esta joya, cosa que me pone un tanto inquieta (por favor, sé que no me puedo leer todos los libros de todos los autores) pero me pregunto cuantos autores excelentes con obras maravillosas me estaré perdiendo, simplemente porque escriben al otro lado de la bolita del mundo, pero en fin tendré que vivir con la duda


Svetlana me recuerda mucho a Ryszard Kapuscinski, por su hermosa manera de centrarse en el hombre común, en las pequeñas historias detrás de los sucesos, que pese a lo "pequeñas" son precisamente las bases de ese todo que es la humanidad. No hace falta entonces deir por que amo a Ryszard y menos aún porque ella me ha cautivado.

Siempre hemos leído o escuchado acerca de Chernóbil como algo lejano, ajeno.Algo que pasa en otras latitudes y no en las que el azar decidió tirarnos al planeta pero con este libro, Alexievich hace cercana, persona incluso íntima la experiencia, notas que Chernóbil no son cifras solamente, que son personas, lágrimas, sudores, pérdidas, entre miles de cosas.

Hay un montón de fragmentos "coleccionables" que saqué del libro, pero pondré aquí esos que como diría Kafka convierten este libro en uno que nos despierta de un puñetazo en el cráneo, no sólo porque nos ilustran la gravedad o el impacto del desastre, sino porque también nos asoman lo peor de la naturaleza humana.

"En la Academia de Ciencias, creo que fue allí, me enseñaron la radiografía de unos pulmones abrasados por «partículas calientes». Los pulmones parecían un cielo estrellado. Las «partículas calientes» son como unos granos microscópicos que se produjeron cuando se arrojó plomo y arena en el reactor incendiado. Los átomos del plomo, de la arena y del grafito se fundían y, con el impacto, se elevaban hacia el cielo. Estas partículas volaron a grandes distancias. A centenares de kilómetros. Y ahora penetran en el organismo humano a través de las vías respiratorias. Quienes caen más a menudo son los tractoristas y los chóferes, es decir, aquellos que aran el campo o viajan por los caminos sin asfaltar. Cualquier órgano en que estas partículas se instalan se «ilumina» en las radiografías. Centenares de agujeritos, como en un fino cedazo. La persona muere. Se quema. Pero si el hombre es mortal, las «partículas calientes» no; ellas son inmortales. Un hombre muere y en mil años se convierte en polvo, mientras que las «partículas calientes» seguirán viviendo y este polvo seguirá siendo capaz de matar una y otra vez."

"El hombre armado de un hacha y un arco, o con los lanzagranadas y las cámaras de gas, no había podido matar a todo el mundo. Pero el hombre con el átomo… En esta ocasión toda la Tierra está en peligro."

"Hay que elevar las aspiraciones del hombre, llenarlo de inspiración. Hacen falta ideales. Entonces habrá un Estado poderoso. Las salchichas no pueden ser un ideal; una nevera llena no es un ideal. Ni un Mercedes es un ideal. ¡Hacen falta ideales luminosos!"

"Pero lo que les preocupaba no era la gente, sino su poder. En un país donde lo importante no son los hombres sino el poder, la prioridad del Estado está fuera de toda duda. Y el valor de la vida humana se reduce a cero."


Sin duda un libro que deja huella, en mi la dejó y muy profunda.

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