miércoles, 24 de febrero de 2016

Letras... La guerra no tiene rostro de mujer, Svetlana Alexievich

Hoy en día me llaman mucho para que vaya a los encuentros en el museo militar…Me piden que haga presentaciones. Ahora sí. ¡Cuarenta años después! ¡Cuarenta! Hace poco hablé ante un grupo de jóvenes italianos. Me hicieron muchas preguntas: ¿qué médico me trataba? ¿De qué me estaba curando? Por alguna razón intentaban averiguar si había acudido a ver a algún psiquiatra. ¿Qué era lo que veía en sueños? Si sueño con la guerra. La mujer rusa excombatiente era un enigma para ellos. ¿Cómo es esta mujer que no solo salvaba y vendaba las heridas, sino que disparaba, provocaba explosiones…, mataba hombres?…Me preguntaron si me había casado. Estaban seguros de que no. De que era soltera. Me reí: “Todos volvieron de la guerra con trofeos, yo me traje a mi marido. Tengo una hija. Ya soy abuela”. No te he hablado del amor…No podré, mi corazón no da abasto. Otra vez será…¡Había amor! ¡Lo había! ¿Te crees que una persona es capaz de vivir sin amor? ¿De sobrevivir? En el frente se enamoró de mí nuestro comandante del batallón…Me protegió a lo largo de toda la guerra, no dejaba que nadie se me acercara, cuando se licenció fue a buscarme al hospital. Entonces se me declaró…Bueno, del amor ya hablaremos en otra ocasión…Tú ven, ven sin falta. Serás como mi segunda hija. Claro que quería tener muchos hijos, me encantan los niños. Pero solo tengo una hija…Mi hijita…No tuve salud, ni fuerzas. Tampoco pude estudiar: me enfermaba demasiado. Mis piernas, todo es por mis piernas…Me juegan malas pasadas…Antes de jubilarme trabajé como auxiliar en la escuela politécnica, todos me querían, los profesores, los estudiantes. Porque dentro de mí había mucho amor, mucha alegría. Era mi forma de entender la vida, después de la guerra solo quería vivir de ese modo. Dios no creó a la persona para que sufriera, la creó para el amor. ¿No estás de acuerdo?

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