martes, 16 de octubre de 2012

Otras... Metro-Lectores

Nuestro metro-lector se ocupa en Buenos días, tristeza de Francoise Sagan.


Otras.. Metro-lectores

Desde hace tiempo quería hacer esto, publicarles fotos de personas que orgullosas y concentradas leen en el metro de Caracas. Y es que considero que el metro es un lugar ideal para leer, aunque desde que me mudé ya no uso el sistema tanto como antes, siempre que lo hago, estoy atenta para capturar a los metro-lectores y debo confesar que extraño un poco esos días en que las lecturas en el metro hacían de esos treinta minutos de viaje una aventura y no un suplicio.

Deberán disculparme la calidad de las imágenes, a veces el celular y el movimiento no me ayudan mucho, pero adoro la discreción del celular, aunque uno que otro me descubra en acción, como este señor que abre la que espero sea una larga lista de metro-lectores.

La lectura que ocupa a nuestro metro-lector número uno es Buda de Maurice Percheron.


martes, 11 de septiembre de 2012

Letras... Llegas.


Llegas

Llegas. Tus ojos vienen firmes.
Gallardos, con las armas de los internos fuegos.
Yo quiero ser sencilla como el hilo sin perlas,
ágil como en la copa es la gota del borde.

Yo quiero ser sencilla, pero tú me complicas
alzándome a una estrella trémula e invisible.
Yo quiero ser sencilla. Y me colmo de quiebras,
y soy un laberinto y mi clave se pierde.

Quiero el ritmo sereno y mi inquietud florece.
Y la flor indecisa, con hojas asustadas,
desploma tu firmeza.

Y descanso en la fuga de tus ojos vencidos.
Y soy ligera y simple, como el hilo sin perlas;
ágil como la gota del borde.


Enriqueta Arvelo Larriva, Venezuela, 1886

miércoles, 29 de agosto de 2012

Otras... Funeral.



Yo nunca tuve algo que a ti te atrajese, algo que te hiciera sonreir al recordarme, que te hiciera suspirar, no, nada de eso estaba en mi, ninguna cualidad, ningún atributo, lo único que tenía eran unas ganas irracionales y desproporcionadas de hacerte feliz.

Cada rechazo era verte hundir la mano en mi pecho y arrancarme el corazón para luego sumergirlo en el líquido corrosivo de mi propio estómago, por más gentiles que fuesen las palabras cada intento frustrado parecía doler más que el anterior ¿es que acaso el dolor se va acumulando hasta formar esta masa amorfa y dura que, aún hoy, me lacera la garganta? ¿acaso cada rechazo renueva mi estúpida y testaruda osadía que no aprende que jamás ha de ser?.

Nunca he llorado por ti, no voy a mentirte, porque jamás me lo he permitido, quizás sea el exceso de lágrimas retenidas lo que llama al insomnio y lo aposenta a mi lado en la cama, pero hoy me he dado permiso para llorarte y diluir con lágrimas esa masa hiriente que me quema el alma, porque hoy es el funeral de la esperanza y en todos los funerales hay llanto.

domingo, 5 de agosto de 2012

Letras... Olvido





Se me olvidó tu nombre,
no recuerdo
si te llamabas luz o enredadera,
pero sé que eras agua
porque mis manos tiemblan cuando llueve.
Se me olvidó tu rostro y tu pestaña
y tu piel por mi boca transitada
cuando caímos bajo los cipreces
vencidos por el viento,
pero sé que eras luna
porque cuando la noche se aproxima
se me rompen los ojos
de tanto querer verte en la ventana.
Se me olvidó tu voz, y tu palabra,
pero sé que eres música
porque cuando las horas se disuelven
entre los manantiales de la sangre
mi corazón te canta.

Carlos Medellín.

martes, 3 de julio de 2012

Letras... No siento vergüenza.

"No siento vergüenza de nada, ni culpa; ésos son los instrumentos sobre los cuales los cristianos erigieron su poder. No hay vergüenza si actúas sin temor, no hay culpa si te consideras libre y adulta."

De La última noche de Hipatia, Eduardo Vaquerizo.

martes, 26 de junio de 2012

Notas... Esperanza.


Mi malpegue, mi fijación, mi hambre de Esperanza Spalding no es normal, aquí se las dejo, disfrútenla y luego denme la razón.


Letras... De religiones.

"... ¿un mundo mejor después de la muerte? Es como la plática con los prestamistas: una religión en la que inviertes tus buenos actos, te educas sumiso, sometido, culpable de haber colgado en un madero a un judío, y a cambio Dios te premia con un paraíso. No, yo prefiero ser juguete de dioses caprichosos y tonantes que vivir asustado de mis acciones, debiendo interpretación a los sacerdotes que interpelan por mí, cual abogados, a ese dios único y terrible."


De La última noche de Hipatia, Eduardo Vaquerizo.

lunes, 18 de junio de 2012

Letras... La Puta de Babilonia.


"La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó a Constantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristo loco el rabioso y a Pedro piedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calumniadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antisemita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traidora, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar."

Puede que en  muchas cosas no esté de acuerdo con Vallejo, pero en lo que respecta a la puta sí que lo estoy. Aquí les dejo este pase de cuentas.




lunes, 28 de mayo de 2012

Otras... Al infinito y más allá.


Sí, el infinito perfecto...



"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges.

jueves, 26 de abril de 2012

Letras... Despertando con Pessoa.

La imagen es cortesía de @tibiwar

"Quien ama de verdad no escribe cartas que parecen requerimientos de abogado. El amor no examina tanto las cosas, ni trata a los demás como reos a quienes es necesario “comprometer”.

¿Por qué no es sincera conmigo? ¿Qué empeño tiene en hacer sufrir a quien no le ha hecho daño,  ni a usted ni a nadie; a quien tiene por peso y dolor suficiente la propia vida aislada y triste, y que  no precisa que nadie  tenga a aumentárselos creándole falsas esperanzas, mostrándole afectos  fingidos? Con qué interés, incluso si fuera por diversión; con qué provecho, incluso si fuera por burla.

Admito que todo esto resulta cómico, y que la parte más cómica de todo esto soy yo."

De Cartas a Ophelia de Fernando Pessoa. 

jueves, 19 de abril de 2012

Otras... El silencio


Cuando el silencio es el fondo de la perfección, mueren las palabras, pero esas que hieren y laceran el sentido y las ganas de vivir.

Cuando el silencio es el fondo, el aire huele a esperanzas renovadas, a dulzura concentrada, a frutas frescas y amanecer.

Cuando el fondo es el silencio, entiendes el sentido de la espera, vences los miedos y te dejas caer.

Cuando el fondo es el silencio, sobra todo porque la mayoría de las cosas se concentran allí, en ese lugar donde anidan los recuerdos no natos que están ansiosos por crecer.

Cuando el fondo es el silencio...

martes, 13 de marzo de 2012

Otras... Soy egoista, impaciente y un poco insegura...

‎"Soy egoista, impaciente y un poco insegura. Cometo errores, pierdo el control y a veces soy dificil de lidiar. Pero si no puedes lidiar conmigo en mi peor momento, definitivamente no me mereces en el mejor'' Marilyn Monroe.


domingo, 4 de marzo de 2012

Letras... La memoria

‎"O que son tan recurrentes los repasos que en la mente le damos a los tiempos buenos, que el recuerdo toma forma, se instala, y ya ahí nunca se desgasta. Se trata de un lugar en la memoria. Un sitio en la cabeza, encima de la nuca, debe ser, en el que habita lo perdurable, lo que no se desvanece. El sitio donde se amontona lo que provoca melancolía. En el peor de los casos donde se recoge el dolor. En el mejor donde mora una alegría que nos hace llorar. En una palabra, soñaba que pensaba que conocer gente era una mierda porque siempre había que separarse de ellas y no nos quedaba sino una voz y un rostro y una risa: resonancias que uno como un pendejo anda escuchando en todos lados siempre. Y por mucho que se diga que nos salva (...) la memoria nos condena." 


De Mujeres recién bañadas, Carlos Ávila

lunes, 13 de febrero de 2012

Letras... Escribir

«'Escribir', dice Lobo Antunes, 'es como drogarse, se empieza por puro placer, y acabas organizando tu vida como los drogados, en torno a tu vicio. Y ésa es mi vida. Hasta cuando sufro lo vivo como un desdoblamiento: el hombre está sufriendo y el escritor está pensando en cómo aprovechar este sufrimiento para su trabajo'»


 En El mal de Montano de Enrique Vila-Matas.

jueves, 9 de febrero de 2012

Letras... (Subrayado) Un canal profundo...

"A fuerza de penas, de vanos ascensos, a fuerza de ser rechazado desde el exterior, desde los exteriores que me había prometido a mí mismo alcanzar, a fuerza de caer rodando desde casi todas partes, he cavado en mi vida un canal profundo. "

 de Michaux, leído en El mal de Montano de Enrique Vila-Matas.

jueves, 26 de enero de 2012

Letras... Alexis o el tratado del inútil combate

Una larga carta que justifica un proceder, cargada de sentimiento ¿o de no sentimiento? es una contradicción que conmueve, una herida que se nos muestra sangrante e indolora, cuan doloroso e infructuoso es luchar contra la propia naturaleza, eso nos retrata Marguerite Yourcenar en Alexis o el tratado del inútil combate. No deja de sorprenderme lo extemporáneo del libro y la vigencia del tema tratado.

Sin más, sinopsis y ejemplar.

"Alexis o El tratado del inútil combate se publicó en 1929. Es contemporáneo del momento en que un tema hasta entonces prohibido en literatura, encontraba por vez primera desde hacía siglos, su plena expresión escrita. Cerca de treinta y cinco años han transcurrido desde su publicación; durante este periodo las ideas, las costumbres sociales, las reacciones del público han ido modificándose, aunque menos de los que se cree. Algunas opiniones del autor han cambiado o hubieran podido hacerlo. Por lo tanto, he vuelto a abrir el Alexis después de este largo intervalo, no sin cierta inquietud: pensaba encontrarme con la necesidad de hacer algunos retoques a este texto, de hacer el balance de un mundo transformado."

Otras... La última montaña



Marina cree que se va a desmayar, siempre que lo relata le pasa lo mismo, un calor sofocante se apodera de su pecho, siente que el aire escasea y su corazón comienza a latir con una fuerza y rapidez inusitada.
 
- Un pedazo de mí se escapa por mi aliento cada vez que cuento ésta historia, un sorbo de mi valentía es absorbido por seres incorpóreos que beben de mi sangre – le dice al hombre bajo y rechoncho de tez sonrosada que la mira por encima de la montura de unas gafas redondas.

- ¿Cree qué no es prudente contarme su historia? – pregunta el hombre mientras la mira con especial interés.

- No; no es eso, he llegado hasta aquí precisamente para hacerlo – Contesta haciendo una inspiración profunda en un intento por retener ese pedazo de ella que se escapa en el aire.

- Bueno, entonces comience desde el principio – Ordena el hombre mientras se ajusta las gafas sobre la nariz.

***
 
El sol parecía arropar los techos bajos de las diminutas casas rurales, una brisa fresca acariciaba los frondosos árboles de la pequeña plaza, parecía que había pasado hace tantos años atrás, cuando aún esa cicatriz rosada no surcaba su antebrazo, ni sentía dolor al respirar.

El aire era puro, un cúmulo de nubes blanquecinas coronaban las montañas circundantes al pueblo. Marina observaba el paisaje desde el balcón de la casa colonial que fungía como posada.

- Creo que esa pijama no es el atuendo más apropiado para salir al balcón – le dice él desde la cama con esa voz grave y aterciopelada que la encantó desde la primera vez que la escuchó.

Se sobresalta y sonríe – Es un desperdicio taparse con tanta ropa en éste clima – Le contesta sin dirigirle la mirada, no tiene que voltearse para saber que la mira, recostado sobre los suaves almohadones color crema, la mira con esa mirada tierna y dulce de los enamorados.

Aún le sorprende que el destino lo hubiese puesto en su camino, así, tan él, como siempre lo soñó, cada detalle, cada rasgo, cada gesto, estuvo primero en sus sueños y luego se materializó esa mañana en él. Esa mañana en que parecía que todo iba de mal en peor, él se plantó frente a sus escritorio y saludó con un “buenos días” que no dejaba lugar a duda, inmediatamente lo supo: había llegado.
 
Respira profundo, el olor dulzón de la humedad en el aire la revitaliza.

- Bien, creo que es hora de bajar a desayunar- dice mientras voltea a mirarlo y él está allí, recostado tal como lo imaginó.

El pequeño comedor de la posada tiene una atmósfera especial, acogedora, a pesar del aire frío que se respira afuera, la estancia parece estar envuelta en una tibieza casi familiar. Los muebles pesados y de aspecto rústico, lejos de afear el cuadro le aportan un aire romántico al lugar. Flores silvestres adornan los centros de mesa, parecen recién cortadas, Marina se pregunta a qué hora debió de levantarse la anciana a recogerlas para regalarles a los huéspedes sus colores. Una música, hasta ahora desconocida pero agradable, llena el silencio y se mezcla con el trinar de aves lejanas.

-No, no es fortuito que me sienta en casa, siempre pertenecí a este lugar, piensa sin dejar de sonreír.

A través de una pequeña ventana, puede ver parte de la cocina, de donde salen olores gloriosos que despiertan su apetito, una mujer con una pañoleta rosa atada a la cabeza le dirige miradas furtivas, a su espalda la anciana diminuta le susurra algo ininteligible y la mujer baja la mirada apenada continuando con su labor.

La anciana se dirige a la mesa con una sonrisa y una pequeña libreta de apuntes en la mano.

-No estamos acostumbradas a recibir temporadistas en éstos meses – dice como excusándose por el comportamiento de la cocinera mientras prepara el lápiz para tomar la orden – por lo general la gente prefiere ir a la costa ¿Sabe? Un bronceado es algo de lo que se puede presumir al regresar.

-No me gusta mucho la costa – contesta Marina con los ojos fijos en la carta – por eso elegimos este lugar, menos aún me gusta presumir de mi color de piel.

Nada se compara a la tranquilidad y transparencia de las montañas, siempre había admirado como éstas en medio de su soledad, se erguían majestuosas, orgullosas como guerreras silentes reposando después de una gran batalla de la que habían salido airosas.

-Hoy dejaremos que usted decida que desayunaremos – continúa mientras le extiende la carta a la anciana.

-¿Igual que ayer? ¿Para dos? – contesta la anciana sin levantar la vista de la pequeña libreta.

-Sí, él está por bajar.
La comida estuvo deliciosa, sentía una agradable pesadez producto de la satisfacción de haber comido un verdadero banquete.

Si bien la comida fue un momento agradable, notó nuevamente que él no era el mismo, los últimos días lo había notado distante, pensativo, incluso podría afirmar que triste. A veces su mirada solía posarse en un punto indefinido del vacío y pasaba así largos ratos de silencio, y aunque ella había tratado de sonsacarle una razón mediante minuciosos interrogatorios, la respuesta era siempre la misma “No pasa nada, sólo estoy cansado”.

Sabía poco o nada de su pasado, a veces la intrigaba, pero debía confesar que era mejor no conocerlo, se habría sentido celosa de amantes pasadas, habría odiado con intensidad la causa de esos esporádicos vacíos silentes, entendía que él había tenido una vida antes de ella, pero le gustaba pensar que como ella, él la estaba esperando, buscándola entre millares de rostros femeninos que sólo habían dejado recuerdos difusos y triviales en su memoria, que a pesar de haber andado, su vida sólo habría cobrado significado cuando la conoció.

Sí, era una romántica incurable pero ¿A quién la soledad no llegó alguna vez a transmutarlo aún a sabiendas de que la metamorfosis no le favorecería?

Atribuyó su mutismo y su total falta de comunicación con la agradable anciana, al cansancio.

-Hoy deberíamos salir a caminar por el pueblo – le dijo mientras acariciaba su mano morena en un intento por hacerlo levantar la vista hacía ella.

- Claro – contestó sin mirarla – es nuestro segundo día aquí y aún no hemos subido a la montaña.

La montaña también era un ser apasionante para él, o por lo menos así se lo había expresado, pero su fascinación era distinta, no veía la montaña con admiración, no, la miraba como un reto como algo que había que conquistar, como una bestia a la que había que domar y ese sería su trabajo. Ya había escalado otras mayores y más majestuosas, pero siempre había sostenido que ningún reto es pequeño, y por tal razón debe ser tomado con la misma determinación que uno grande, hasta los mejores nadadores pueden morir ahogados en una pequeña alberca si ésta es subestimada.

Escalar para ella no era una actividad conocida hasta que él llegó a su vida, sabía muy poco del tema y a pesar de que no era una de sus actividades favoritas, las veces que lo había hecho con él, había experimentado una sensación de triunfo muy agradable al llegar a la cima.

Él siempre era cuidadoso al elegir las montañas a las que ella le acompañaría, nada muy escabroso, acorde a su resistencia física y experiencia y ésta que tenían en frente, había sido seleccionada siguiendo esos criterios. Desde el día anterior la habían observado en varias ocasiones, trazando rutas imaginarias por el terreno a fin de determinar cual sería la mejor opción para conquistar la cumbre.

- A fuerza de mirarlas y estudiarlas, te enamoras de ellas – le había dicho él mientras miraba a lo alto – luego, cuando llegas a la cumbre es como haberla conquistado.

- ¿Pensaste en mí cómo en una montaña? – preguntó Marina divertida ante tal idea.

- Todas las mujeres son como montañas, misteriosas, peligrosas y atrayentes.

- Pues creo que su tiempo de escalar otras mujeres llegó a su fin – le dice mientras lo abraza.

- No, no solamente el tiempo de escalar mujeres ha pasado – le responde plantándole un beso en la frente.

La caminata por el pueblo fue reconfortante, no solía comprar souvenirs ni tomar fotografías de sus viajes, creía que ambas cosas no eran más que meros instrumentos para hacer alardes – Me conformo con los recuerdos – había afirmado en múltiples ocasiones, pero aquella vez no le bastaría con los recuerdos, así que durante todo el paseo camino con su pequeña cámara fotográfica colgada al cuello, quería retratarse con él en cada esquina, inmortalizar cada paso. Caminando tomada de su brazo, la sensación de seguridad que experimenta sólo era comparable a la que sintió de niña al caminar tomada de la mano de su padre.

Le gusta la fachada de una pequeña iglesia de piedra que parece muy antigua, decide que ese es el lugar perfecto para hacerse una fotografía, él protesta pero después de insistirle un poco accede a retratarse. Aborda a un lugareño que parece dormitar en un banco de la plaza.

- Disculpe – pide Marina en el tono más cortés que le es posible usar – ¿Le importaría tomarnos una fotografía frente a la iglesia?

El hombre ajusta su sombrero de paja y la sigue hasta la iglesia, Marina no entiende su mirada atónita al posar para el retrato, pero está conforme con el resultado que ve en la pequeña pantalla de la cámara digital y le agradece con una sonrisa.

- Creo que mañana es el día ideal para subir – dice él mientras señala el cielo – esperemos que haga buen tiempo.

***

Los caminos, a fuerza de andarlos con frecuencia, parecen acortarse y aunque aún no habían hecho el camino a la cima, a fuerza de trazarlo mentalmente y estudiarlo con detenimiento, éste parecía ser uno de esos casos. Había tratado de ir despacio, intentando grabar en su memoria cada uno de los detalles del sendero, el olor del aire, el color de las flores, la temperatura de la brisa, quería que todo quedara estampado indeleblemente en su memoria.

Él no había hablado en todo el trayecto, normalmente iba conversando con ella, contándole anécdotas de otras escaladas, atento a sus pasos, pero ésta vez parecía avanzar con una determinación infranqueable, como si librase una guerra con la montaña. El ceño fruncido, en esta ocasión no le parecía un gesto de concentración, lo interpretó como rabia, pero apartó la idea de su mente.

No sabe si haber conquistado la cima la alegra o la alivia, intenta no pensar en que cree y se dedica a sentir, mira a la verde profundidad del paisaje y se pregunta por qué las montañas más lejanas tienden a tornarse azules, respira profundo para compensar el escaso oxigeno del ambiente y a la vez memorizar el aroma de la cima.

- Cada cumbre tiene un olor distinto – dice él como si leyese sus pensamientos – como las mujeres.

Voltea y le sonríe pero no obtiene una sonrisa de vuelta. Se estremece y no sabe distinguir la causa ¿el aire frío o su expresión?.

Está de pie en una saliente que domina el precipicio, una fotografía allí, el sitio es perfecto, corre a la mochila a sacar la cámara.

- No, no querrás recordar ésta cima – le dice sin siquiera voltear a mirarla.

- ¿En qué momento aprendiste a leer mentes? – dice en un intento por hacerle reír y cambiar la atmósfera.

Voltea a mirarla, una profunda tristeza se ve en su mirada, un abismo mucho más profundo que el precipicio que contempla se traduce en su semblante.

- No te preguntes qué me pasa o qué me ha pasado antes de ti – dice levantando la mano en un ademán que significa detente – no es importante dónde estuve o de dónde vengo, lo único importante es que te escogí como compañera del fin del viaje, la última montaña, la de contradicciones, la de nombre marino que odia el mar, la de sueños sencillos y vida compleja, la última cumbre que quiero mirar.

Abre los brazos y aspira profundo como queriendo absorber en un suspiro toda la cordillera, un terror inmenso se apodera de ella, comienza a correr hacía él al mismo tiempo que éste comienza a inclinarse al vacío, no sabe por qué, pero recordará siempre el grito de un ave rapaz que se escuchó en ese preciso instante. Al llegar al borde de la saliente lo ve colgar de una roca, ese reflejo de todo cuerpo humano por aferrarse a ésta vida terrenal lo hizo asirse de alguna forma a ella, ahora su mirada es de terror. Ella intenta alcanzarlo y logra tomar su mano. No; no podrá con el doble de su peso, pone todas sus fuerzas en el intento, pero sólo logra que el borde de la roca le abra una herida profunda en el antebrazo, no siente dolor, pero siempre recordará la sensación de sus dedos escapando de su mano.

***

- Tiene usted muy buena memoria sensorial – dice el hombre ajustándose las gafas – ¿Le parece si en la próxima sesión iniciamos con cuales fueron sus sensaciones posteriores a la tragedia? Revisaré el material que me ha traído y formularé preguntas basándome en ello.

Marina seca sus mejillas anegadas de lágrimas y se limita a asentir con la cabeza.

Al cerrar la puerta el hombre toma asiento frente a su escritorio y comienza a ojear el material de la carpeta, el silencio en la sala sólo es interrumpido a ratos por el roce del lápiz en el papel mientras toma nota. Saca una fotografía de entre los papeles.

¿Esquizofrenia paranoide? Escribe con una caligrafía angulosa en el block de hojas amarillentas en el que ha estado tomando nota.

- No servirá confrontarla con la evidencia, la ha visto cientos de veces – dice para si mismo mientras vuelve observar la fotografía que tiene en la mano, donde puede verse ella, con mirada de enamorada posando sonriente y solitaria frente a la fachada de una iglesia de piedra.

viernes, 6 de enero de 2012

Letras... Un grito de amor desde el centro del mundo

No soy muy aficionada al género romántico, alguna vez lo fui, creo que en esa etapa de la vida en la que te caben más esperanzas e ilusiones en el cuerpo que realidades.

Kyoichi Katayama nos trae con esta novela juvenil romántica (sí, sé lo que están pensando) una historia de amor de dos adolescentes, que entretiene y es sencilla de leer, no puedo decir más, les dejo lo demás a ustedes.

Acá les dejo el texto de la contraportada y el ejemplar.

La conmovedora historia de amor que ha enamorado a millones de lectores de todo el mundo. 

Sakutarô y Aki se conocen en la escuela de una ciudad provincial de Japón. Él es un adolescente ingenioso y algo sarcástico. Ella es inteligente, hermosa y popular. Pronto se convierten en amigos inseparables, hasta que un día, por primera vez, Sakutarô ve a Aki con otros ojos, y la amistad cómplice se transforma ineludiblemente en una pasión arrebatadora. 

Ambos viven una historia capaz de trastocar los sentidos y borrar las fronteras entre la vida y la muerte. Un grito de amor desde el centro del mundo es la novela japonesa más leída de todos los tiempos. 

Ha inspirado una versión cinematográfica, una exitosa serie televisiva y ha sido ilustrada como cómic manga.