domingo, 29 de mayo de 2011

Letras... Sangre en el diván

"Es curioso lo lejana que resulta una desgracia cuando no nos atañe personalmente"
John Ernst Steinbeck

Aún después de leer el libro, no deja de sorprenderme lo dolorosamente absurdo del caso, ¿Por qué absurdo? porque aún me sorprende la libertad con la que estos hechos se producen en este país, la cantidad de indicios que apuntaban directamente a que algo andaba mal con el reconocido psiquiatra y como todos, absolutamente todos los afectados, dejaron que el crimen persistiese. No soy quien para señalar culpables, pero en casos como éstos creo que al final culpables somos todos.

Cualquier reseña que haga de este ejemplar, estará más que trillada y repetida, así que sin más les dejo la sinopsis del mismo.

Edmundo Chirinos, reconocido psiquiatra de trayectoria publica, es acusado por el asesinato de Roxana Vargas. Ibéyise Pacheco tuvo la oportunidad de entrevistar en numerosas ocasiones a los implicados y relacionados con el caso, y en especial al doctor Chirinos. Con la acuciosidad de la periodista incisiva que es Ibeyise, el juicio sera el escenario de partida de este profundo trabajo de investigación que construye y da cuenta de la personalidad enigmática de Chirinos, la truculencia del caso, los testimonios dramáticos de las victimas, los archivos de la fiscalía, y en grado mayor los encuentros con el doctor en los que la periodista interroga, deja hablar, persuade, y en ese forcejeo se revela la retorcida y decadente brillantez del doctor. Ibeyise no elude las escenas mas crudas, deja que lo explicito se muestre y mientras, como telón de fondo, un acercamiento al carácter nacional, quizá dislocado, quebrado psíquicamente. El estilo de Ibeyise es preciso, apunta al dato, no deja cabos sueltos y resuelve en la sentencia el suspenso de reportaje que deviene relato. Chirinos ha sido condenado a veinte años de prisión. 
 
 

jueves, 26 de mayo de 2011

Letras... Kafka en la orilla

Murakami vuelve a hacer de las suyas conmigo, vuelve a atraparme, vuelve inmovilizarme con la vista fija en las páginas, vuelve a ponerme en expectativa y a hacer que afloren sentimientos. Definitivamente es genial.

Kafka en la orilla es una historia tan grotesca como fascinante, la historia de Kafka Tamura, un joven de quince años con un complejo edípico que lo llevará por lugares insospechados.

Definitivamente, como todo lo que he leído hasta ahora de Haruki Murakami, ésta novela no tiene desperdicio. Como siempre, la sinopsis y el ejemplar para que ustedes mismos sean jueces y verdugos.

Kafka Tamura se va de casa el día en que cumple quince años. La razón, si es que la hay, son las malas relaciones con su padre, un escultor famoso convencido de que su hijo habrá de repetir el aciago sino del Edipo de la tragedia clásica, y la sensación de vacío producida por la ausencia de su madre y su hermana, a quienes apenas recuerda porque también se marcharon de casa cuando era muy pequeño. El azar, o el destino, le llevarán al sur del país, a Takamatsu, donde encontrará refugio en una peculiar biblioteca y conocerá a una misteriosa mujer mayor, tan mayor que podría ser su madre, llamada Saeki.

Si sobre la vida de Kafka se cierne la tragedia –en el sentido clásico–, sobre la de Satoru Nakata ya se ha abatido –en el sentido real–: de niño, durante la segunda guerra mundial, sufrió un extraño accidente que lo marcaría de por vida.


Como en el mejor Murakami, pasado y presente, sueño y vigilia, se funden y solapan creando una atmósfera en la que resulta difícil discernir deseo y pesadilla.


viernes, 13 de mayo de 2011

Letras... El médico

Hace más de un año, en un curso de tecnologías de la información (sí, tecnologías de la información), la profesora, una argentina muy simpática y agradable, me dijo: "Che, no suelo recomendar best sellers, pero debes leer El médico de Noah Gordon", desde ese día comenzó mi búsqueda de este ejemplar, lo encontré en una famosa librería de Caracas a un precio que no estaba dispuesta a pagar (amo los libros, pero todo amor tiene un límite) así que decidí esperar un poco y ver si lo conseguía en alguna feria a un precio más razonable, para mi sorpresa en una feria del libro (FILVEN) estaba en un puesto, usado pero casi como nuevo y a un precio de verdad ridículo, así que ni lo pensé y me lo traje a casa.

Después de terminarlo entiendo porque mi profesora me lo recomendó, la novela (histórica, por cierto) es una historia de perseverancia y persecución de sueños realmente aleccionadora, si bien no logró engancharme como lo han hecho otros libros, creo que Robert J. Cole dejó algunas enseñanzas preciosas en mí, entre ellas, que el logro de una meta y la materialización de un sueño ameritan ciertos sacrificios y que a la larga todos los esfuerzos son recompensados.

Robert J. Cole es un muchacho al que la vida no le ha sonreído y que quiere ser médico a toda costa, en una época en que la medicina como profesión no era sencilla de estudiar, pero está tan resuelto a lograrlo que deja de lado su fé, sus creencias y hasta el amor por cumplir ese anhelo.

Como siempre dejo para ustedes el texto de la contraportada y el ejemplar en cuestión.

Esta arrebatadora novela describe la pasión de un hombre del siglo XI por vencer la enfermedad y la muerte, aliviar el dolor ajeno e impartir el don casi místico de sanar que le ha sido otorgado. Arrastrado por esa pasión, recorrerá un largo camino que le conducirá, desde una Inglaterra en que domina la brutalidad y la ignorancia, a la sensual turbulencia y el esplendor de la remota Persia, donde conocerá al legendario maestro Avicena, que está experimentado con las primeras armas de la medicina moderna.
 
  Diez siglos han transcurrido desde aquel entonces, pero el talento narrativo de Noah Gordon, autor de El último judío, El rabino y otras muchas novelas inolvidables, hace de este viaje iniciático una experiencia única que convierte la historia en vida real. 


sábado, 7 de mayo de 2011

Otras... Quise hacerte un regalo


Quise hacerte un regalo que igualara, o por lo menos representara, lo que tú me has dado, en mi loco intento por hacerlo me puse a recordar y la empresa se tornó imposible, ¿cómo encapsular en un algo, los recuerdos que te representan y el presente que me guía?

Recordé que eras muy joven, sólo tenías dieciséis años cuando pasaste a engrosar la lista de las mujeres a las que éste día comercial debía honrar, y a pesar de ser tan joven tú no te amilanaste, asumiste tu responsabilidad sin aspavientos y sin la ayuda de nadie, te convertimos en una mujer responsable con cuerpo de niña, que no pidió madurar tan rápido, asumiste el rol con valentía y lo hiciste excelente.

¿Por qué lo hiciste excelente? es simple, esa pregunta no tiene una única respuesta, tiene cientos que no cabrían en este humilde espacio, así que sólo intentaré mencionar algunas de las cosas que me has dado y que son el mudo testimonio de tu labor.

Tú me diste personalidad, porque aunque cuando de genética se trata, es inevitable que ciertos rasgos del carácter paterno se subrayen, fuiste tú quien puliste la piedra en bruto.

Me diste la vida y por ende todo lo que con ella hago y experimento, cada risa, cada aventura e incluso cada lágrima te la debo a ti.

Me diste enseñanza y con ello la posibilidad de hoy escribirte, así que cada letra que plasmo es una oda a tu dedicación y esfuerzo.

Me enseñaste que nada es imposible cuando el motor que lo impulsa es el amor y que a veces, aunque las cosas se pongan cuesta arriba, siempre habrá lugar para la esperanza. 

Me regalaste valores propios, no los que dicta la sociedad o los que se intentan enseñar con libros de texto, no, me regalaste la posibilidad de discernir que nada es malo si no choca única y exclusivamente con mis principios.

Me diste la libertad de ser yo por encima de cualquier cosa, sin importar lo que digan o piensen los demás.  

Creaste, furtivamente, un escudo protector a mi alrededor de forma tan sutil, que me creía fuerte cuando sólo eras tú quien me resguardaba de la crueldad del mundo.

Me diste a mis herman@s que son mis compañer@s, amig@s, razón de ser y timón, la certeza de que jamás estaré sola y que habrá siempre alguien a quien abrazar y un sitio al cual llegar, en esto fuiste una excelente estratega, porque me diste hermanas mayores que me sirvieran de ejemplo y herman@s menores a los que debía servir de ejemplo, ésto es lo más grande que me has dado y es imposible que exista un bien material que se compare a ello.

 Me hiciste más espiritual que material enseñándome que lo que se ve no es lo que importa, que todo lo material es efímero y transitorio y lo único persistente es el cariño.

Me ensañaste que el bien más preciado que se puede poseer es un amigo  y que somos millonarios sí sólo tenemos la suerte de contar con uno.

En fin, quise hacerte un regalo y se tornó imposible,  porque lo que me has dado es intangible e invaluable, porque lo que me has dado es simplemente lo que soy, sólo me queda decirte "Te amo" a ver si esas dos palabras lo compensan.