domingo, 17 de julio de 2011

Otras... Infancia




Siempre he sostenido que los niños son seres muy crueles y es cierto lo son, no hay nadie en el mundo más sincero, franco y directo que un niño y lo que es peor aún, lo son entre ellos mismos, quizás hablo desde mi experiencia, para mí la niñez y parte de la adolescencia fue una guerra a muerte en la que el enemigo (los otros niños y adolescentes) no tenían compasión alguna, pero no me quejo, siempre he pensado que todo, absolutamente todo, lo que he vivido han formado la persona que soy hoy. Pero a pesar de la franqueza que raya en crueldad, son muchas las cosas que podemos aprender de los niños, que en un momento dado supimos y que por una u otra razón olvidamos. Trataré de enumerar las cosas que son loables y dignas de imitar de los pequeños Osamitas (¡Vamos! todo niño menor de doce años es un pequeño terrorista).

Los niños no temen preguntar, no señor, un niño no sabe algo y va y lo pregunta sin cohibirse, están descubriendo el mundo y actúan de forma tan inteligente que saben que deben preguntarle a los que ya tienen un poco más de experiencia que ellos, jamás piensan "Si pregunto lo que no sé quedaré como un idiota".

Un niño hace amigos de forma espontánea, sí, ellos donde localizan a un contemporáneo van e inician una conversación, sin importarles si es trivial o inteligente, ni siquiera se preguntan si a su contemporáneo le gustan las mismas comiquitas o las mismas comidas que a él, nada de eso es relevante, se centran en los intereses que comparten y se enfocan en disfrutarlos. La amistad de un niño es totalmente desinteresada, a ellos no les importa cuanto dinero les da mamá para la merienda a sus compañeros, no les importa que ropa usan, a que escuela van y jamás se hacen amigos de Juanito sólo porque Juanito les será útil en un futuro, no se avergüenzan de sus amigos y los toman de la mano sin reservas.

Los niños ponen el corazón en la actividad que les gusta hacer, no les importa si para llevarla a cabo tienen que ensuciarse las manos o la ropa, no piensan en qué tan lucrativa o productiva es la actividad que realizan, no, ponen alma, vida y corazón en eso.

Un niño imagina, ésta es por mucho la cualidad que más me gusta de los niños, un niño es capaz de ver un lago dónde los adultos vemos un charco, una montaña en una pequeña  loma, una selva en un jardín y un mundo en un parque.

Un niño olvida los agravios, ¿Cuántas veces se pelearon con su mejor amigo de la infancia y a los diez minutos estaban otra vez enfrascados en un juego? no sé para ustedes, pero para mí ese número es incontable, tengo la fortuna de aún conservar la mejor amiga de mi infancia, somos amigas desde los cinco años y siempre recordamos las veces que nos peleabamos y fueron tantas que tendríamos para recordar semanas enteras.

Un niño vive el hoy y un día a la vez, no se preocupan por el futuro, no pierden tiempo pensando en el pasado, no, un niño vive hoy y lo hace con intensidad.

¿Ven? los niños son sabios, viven la vida como quieren vivirla, comen cuando tienen hambre, beben cuando tienen sed, ríen con sinceridad y lloran cuando hay que llorar, no podríamos tener mejores maestros.

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