sábado, 4 de junio de 2011

Otras... 10 pasos en la espera y dejar de fumar



Espero sentada en una pequeña mesa verde, frente a un té frío, que, según la sonriente cajera, me relajará.
Leo un libro mientras espero a mi amiga, para consumir esa sustancia agridulce que le da forma al tiempo, hoy es uno de esos días en que quedamos en vernos, para simplemente tomar un té o café y "hablar mal del prójimo", pero en realidad siempre terminamos hablando de nosotras, de su infancia que no conocí, de la mía que le fue negada por razones geográficas, anécdotas, familia, trabajo, carrera, hay todo un abanico de opciones que nos distraen de ese primer fin.

Hay algo de magia en hacer un amigo en la edad adulta, hasta la adolescencia hacer un amigo es algo natural, algo incluso biológico, pero en la adultez esas mismas cosas que ocupan nuestra conversación son las que nos dificultan tanto el hacer amigos, pero no, no es imposible, aquí estoy, soy prueba fehaciente de ello.

Quiero fumar, no me enorgullece la recaída, pero ¡vamos! algún mérito debe tener admitir mi debilidad. En la mesa de enfrente dos muchachas comen y conversan animadamente, por lo que decido respetar su espacio y no invadirlo con los rastros de mi vicio, así que vuelvo a concentrarme en mi lectura deseando que terminen pronto de comer.

Se acerca un hombre, con todo el aspecto de cantante de quebraditas, una camisa negra en la que dos caballos bordados en blanco relinchan a la altura del pecho, intentan darle virilidad.
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 - ¿Te gusta leer? Dice mientras toma asiento sin ser invitado.

Suspiro y levanto la vista la altura y el tiempo necesario para asentir con la cabeza, suspiro, si éste aspirante a ranchero supiera la cantidad de veces que me han preguntado eso, le asombraría saber que habría sido mucho más original preguntarme la hora.

- Es muy bueno leer, ayuda mucho para uno expresarse.

Levanto la vista nuevamente y lo miro a los ojos deseando que mi media sonrisa tradujera el "supongo que tú no lees" que flota en mi cerebro.

- Mucho gusto, Tony. Dice extendiendo la mano.

- Encantada Tony. Digo tomándole la mano algo fría ¿Qué clase de ranchero se llama Tony?

Creo que mis monosílabos logran convencerlo de que quiero estar sola y le agradezco cuando se levanta y me deja ver la mesa de en frente vacía.

Fumaré, nadie se acercará y esperaré como quiero esperar.

Enciendo el cigarrillo, adoro ese sabor acre, adoro el contraste de su sabor y su temperatura con la del té, digan lo que digan, fumar es un placer. De repente como si un enorme nubarrón obstruyese la luz solar, se ensombrece mi lectura, levanto la vista, el nubarrón es moreno, alto y con una barba tipo candado perfectamente delineada.

- Disculpa, me podrías vender un cigarro. Usa un tono suplicante.

-¿Venderte? Yo no vendo cigarros, te regalo un cigarro. Saco el cigarro de la cajetilla y se lo extiendo junto con el yesquero y la esperanza de que lo encienda, dé las gracias, media vuelta y se vaya, pero no, se sienta frente a mí, justo en el sitio donde estaba Tony. Seguro siente la tibieza que dejó éste en la silla, pienso que me desagrada sentarme en sillas tibias.

-Es que acabo de pasar una rabia ¿sabes?

Cierro el libro y suspiro resignada, no, no leeré mientras esté aquí sentada.

- Claro, entiendo porqué quieres fumar, digo mientras exhalo el humo en dirección al cielo.

-Más que molesto estoy despechado. Dice él haciendo lo propio.

Bueno, éste se saltó las presentaciones y fue directo a las confidencias, pienso, mientras examino la caja de cigarros intentando encontrar los componentes de los mismos, no, en ninguna parte dice Cannabis.

Habla de su decepción amorosa como lo haría con una vieja amiga, no puedo evitar sentir compasión por él, no por su desengaño, pienso que amó y por eso ya es afortunado, siento compasión por ver que quizás no tenga un amigo o amiga a quien contarle estas cosas e incluso me siento culpable por estar esperando a una.

-Pobre, me digo mentalmente, sin cigarros y sin amigos, mira que afortunada soy, tengo cigarros y espero a una amiga.

Se termina el cigarro, se pone de pie y sonríe.

- ¿Sabes? El amor es un estado mental, dice aún sonriente, y yo estoy así porque quiero.

Sonrío, porque acabo de ver como un caído toma la decisión de levantarse.

-Bueno, ya diste el primer paso, le digo también sonriente, reconoces que eres un adicto, ahora anda y finaliza con los nueve siguientes.

Ríe sonoramente y se va. Enciendo otro cigarrillo mientras observo como desaparece su silueta sumergiéndose en las escaleras mecánicas.

La misma muchacha sonriente de la caja se acerca a la mesa, ésta será una espera muy interesante si ésta señorita se sienta y me cuenta que es ella quien rompió ese corazón, pero no.

-Chica, dice sin abandonar su sonrisa de franquicia norteamericana, aquí no puedes fumar.

Sonrío de vuelta mientras tiro el cigarro al piso y lo aplasto con el píe, levanto las manos en un ademán que dice "No dispares, estoy desarmada", ella intenta excusarse por prohibirme mi malsano placer y la eximo de su responsabilidad con un "no te preocupes".

Suena mi celular, una voz familiar me recuerda lo afortunada que soy.

.- Ya llegué ¿Dónde estás?

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