martes, 21 de diciembre de 2010

Otras... ¿Y qué tal si no juzgamos?

 
Estoy con mi hermana; bueno una de ellas, para ser más específica la que nació después de mi, y tuvo la suerte y la desdicha de tener una hermana mayor sobreprotectora y celosa de haber perdido el trono en el que estaba hasta su llegada, todo ello a la vez; bueno como les decía, estamos en un prestigioso centro de quiropedia de Barquisimeto, uno de esos sitios en los que sólo se tocan los pies de sangre azul de la ciudad (bueno eso creen ellos, que me están tocando los míos y soy una plebeya), dos señoras a las que el copete casi les toca el cielo raso comparten conmigo las sillas de la sala de espera,  es el turno de mi hermana, ésta se levanta y va directamente al mostrador, su vestimenta, si bien no es vulgar ni tampoco insinuante, no es convencional y deja ver todos y cada uno de sus tatuajes, que valga la ocasión para decirlo, son verdaderas obras de arte. 

Mientras estuvimos en la espera no cruzamos palabra, nos limitamos a esperar y punto, así que para el par de guacamayas encopetadas, perdón quise decir señoras encopetadas, no hay relación entre nosotras y mucho menos parentezco. 

La encopetada número uno dirije la mirada a la pierna derecha de mi hermana, que está tatuada en un cincuenta por ciento de su extensión, abre los ojos como si hubiese visto al mismisimo demonio y le propina un codazo a su vecina para que lleve la mirada a la misma dirección, bajo la cara y sonrío de forma imperceptible, la encopetada número dos niega con la cabeza y pregunta:

.- ¿Cómo una persona puede hacerse eso?
.-  Eso se lo hace la gente que consume drogas y esas cosas. Completa la encopetada número uno.

Decido divertirme un poco, ¡Vamos! que si van a destruir a mi hermana en mi presencia por lo menos algo bueno sacaré de la experiencia.

.- Nadie que esté tan tatuado puede ser normal. Le digo al par de encopetadas.

Acto seguido ambas asienten, y comienza la retahila de posibles causas por las que esa linda muchacha sea ahora un desecho tatuado de la sociedad, que el ejemplo familiar, que si las drogas, que si la televisión, que si la música, en fin, hubo una disertación muy extensa acerca de las posibles razones que habían dañado a mi hermana.

Me aburro de todas esas posibles teorías así que decido divertirme de verdad y les digo:

.- Fíjense señoras, mi madre es una experta en todas esas teorías, las estudió todas intentando explicar el comportamiento de esa muchacha, es difícil explicar cómo es que ella es única y sus otr@s cinco hij@s son tan "normales". ¿Cómo es posible que una ex-campeona de la gimnasia artística del estado se haya tatuado tanto? ¿En que momento pasó de ser la mejor gimnasta del estado a ser la más tatuada? ¿Cómo es posible que una mujer independiente y responsable que paga sus deudas, cumple sus promesas y ama a su familia  esté tan tatuada? ¿Cómo es que esa muchacha se disfraza de payasa en las fiestas infantiles de sus primos y sobrinos y los pequeños invitados la adoran y luego les piden a sus madres un piercing o un tatuaje para su próximo cumpleaños? La respuesta es simple: no existe relación alguna entre esos tatuajes y el ser humano debajo de ellos.

El par de guacamayas me mira de forma extraña, creo que aún no han captado el mensaje, creo que aún no notan que esa muchacha es mi "hermanita" y que acaban de hacer el ridículo de sus encopetadas vidas.

Sale  mi hermana y como de costumbre me sonríe, me abraza y termina con el clásico ¡Vamonos hermana!.

.-Buenas tardes señoras, me despido, que tengan una feliz navidad.

.- Sí, feliz navidad, culmina la apedreada que sale ilesa y sonriente.

2 comentarios:

  1. Este es uno de los pocos post con los que me reído tanto imaginando la imagen que describes.

    ResponderEliminar
  2. Gracias bella. ¡Que honor vale!. Esa es la idea, entretenerles. Un beso y un abrazo grandes.

    ResponderEliminar