sábado, 9 de octubre de 2010

Otras... Escogidos


Existen personas que pasan por nuestra vida de una forma tan efímera, pero que dejan huellas tan profundas que se hacen perpetuos en nuestras memorias. No sé como llamar a estas personas, no quiero llamarlas ángeles ni tampoco creo que lo sean, son simples criaturas escogidas que llegan a tu vida con un propósito definido, para cumplirlo e irse y aunque el tiempo compartido con ellos sea poco, cuando las despedimos es doloroso, en otros casos no, la visita fue tan fugaz que no te da tiempo ni de extrañarlos al irse, pero me gusta pensar que esos escogidos parten para cumplir una nueva misión, en otro lugar, con otras personas o simplemente para abrirle paso a una nueva criatura escogida.

Los encontramos en sitios inusuales como paradas de autobuses, salas de espera, aulas de clase, colas en cajas registradoras, a nuestro lado en el metro o en cualquier otro lugar inesperado. A ver, hagan memoria, sé que por lo menos una de estas criaturas podrán recordar.

Recuerdo uno de los míos, no sé como se llama ni nunca lo supe, pero recuerdo perfectamente su cara, sus mejillas rosadas, su mirada bonachona tras unos lentes pequeñitos y su cabello totalmente blanco en una cabeza redondita con una calvicie incipiente que le favorecía mucho. Él no lo sabe, pero fue quien me empujó a abandonar una carrera que no me gustaba, que había iniciado porque simplemente tenía que estudiar algo, e ir detrás de mis sueños con insistencia hasta lograrlos.

Este escogido lo conocí en una camionetica, en un momento de mi vida de esos que yo llamo puntos de inflexión (uso el término sólo para hacer alarde de mis escasos conocimientos matemáticos jeje) ¿Saben? esos puntos en los que nuestras vidas les urge un giro drástico, puntos cruciales en los que se necesitan personas cruciales que nos ayuden a ver con claridad las cosas.

El encuentro fue así, yo iba o venía de la universidad, la verdad ya no recuerdo el sentido del viaje y tampoco es relevante; si, de esa universidad que no me gustaba en la que estudiaba una carrera que no me gustaba, tenía mi libreta de apuntes en la mano y la conversación inicio con mi sonrisa, no lo voy a negar aquí y mucho menos a estas alturas de la vida en la que ya nos tenemos tanta confianza, soy una diente pelado y le sonrío a casi todo el mundo, y digo a casi todo el mundo porque no le sonrío a quienes me miran de forma insistente y escrutadora; él halagó mi sonrisa y notó mi libreta.

El diálogo fue más o menos así:

Preguntó ¿Qué estudia? y le contesté, la verdad sin mucho orgullo, administración de recursos humanos, cabe destacar que no tengo nada contra los administradores y mucho menos contra los administradores de recursos humanos, pero yo estaba estudiando una carrera que no me apasionaba ni un poquito.

¿Vas bien? fue su siguiente pregunta, sí muy bien de hecho, fue mi respuesta esta vez sí con un poco más de orgullo.

Eso es bueno, continuó él, es bueno que te guste lo que estudias porque es lo que harás por el resto de tu vida. Me deja por la parada, dijo esta vez en un tono más alto.

Pero esas palabras activaron una especie de alarma contra incendios en mi interior, "Es lo que harás el resto de tu vida" sonaba como un eco en mi interior. Ese día decidí no seguir esforzándome por estudiar una carrera que sólo me llenaría de frustraciones a la larga. 

Pero el meollo del asunto aquí no es la carrera, ni mi decisión ni nada de eso, es la trascendencia que tuvo un completo desconocido en el rumbo de mi vida. Esta experiencia, la primera de este tipo que recuerdo, me hizo apreciar mucho más esas personas que pasan por tu vida de forma fugaz y me enseñó también que cuando alguien se va, sólo se va porque ya cumplió su misión contigo. Escuchen con atención, quizás en este momento tengan algún escogido a su lado.

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