lunes, 7 de junio de 2010

Otras… Cómo una perra feliz.


Muchas veces me he preguntado si nosotros como seres humanos somos realmente libres y autónomos en nuestras decisiones, de hecho recuerdo haber leído e algún lado; no recuerdo el autor, ni el lugar donde lo leí, discúlpenme esta omisión, que somos tan libres como lo es un perro amarrado a la parte trasera de un carro; es decir, sólo tenemos la libertad de elegir a que distancia queremos correr del vehículo. Al leer el planteamiento y al verme retratada en una perra amarrada a un vehículo obviamente me opuse a él, pero en ciertas ocasiones y al observar nuestro comportamiento ante ciertas situaciones, he llegado a aceptar la veracidad del planteamiento.

Se preguntarán ¿Qué situaciones específicamente me han hecho aceptar un planteamiento un tanto desagradable? Y son muchas y variopintas, pero una en especial me viene este día a la cabeza, no sé si alguna vez se los he comentado pero soy un poco anti-nupcias, es decir soy de las que piensan que el matrimonio no es sino otra cosa inventada por los hombres para someternos a los de nuestra misma especie, creo firmemente que si existe amor en una pareja, sobra cualquier papel firmado. Hace algún tiempo compartía una buena amistad con alguien que era afín con este pensamiento, así que pensé que seriamos dos eternas solteras (ojo solteras, que no es lo mismo que solteronas), que quizás compartirían el mismo techo con sus respectivas parejas, pero que muy probablemente no se casarían con las mismas. Bueno hace poco tiempo mi amiga estuvo de aniversario de bodas, lo que me hizo reflexionar nuevamente sobre mi antigua y actual posición, ya que aun no he cambiado mi forma de pensar al respecto.

No soy un ser inflexible, estoy consciente de que lo único constante es el cambio, de hecho quizás mi pensamiento con respecto al matrimonio en algún momento se modifique, pero dudo que sea en un periodo de tiempo tan corto, dudo mucho que hoy piense algo e inmediatamente el día de mañana cambie de parecer, lo que me hizo pensar que cuando mi “amiga” compartía conmigo los pensamientos anti-nupcias, se estaba comportando como el perro (¡Vamos!, que no por tan poca cosa la voy a llamar perra) y yo fungía de vehículo.

No me mortifica para nada el cambio de pensamiento que surgió en mi amiga, pero me lleva a plantearme ciertas interrogantes ¿Realmente se casó porque cortó la cadena que la ataba al vehículo anti-nupcias denominado mifrero? O ¿Simplemente hizo un cambio de cadena y paso a estar encadenada a otro vehículo, esta vez denominado familia o sociedad? ¿A cuántos vehículos estoy yo encadenada en este momento y cuales son pensamientos y posiciones realmente definidas por mí? ¿Será mi posición frente al matrimonio un vehículo más al que estoy encadenada que se denomina rebeldía? Quizás todos estamos atados a distintos vehículos, corriendo detrás de ellos con la lengua afuera y babeando al viento como una perra feliz.

Nota: La de la foto es mi perrita Mariah que es verdaramentete una perra feliz que nunca ha estado amarrada.

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