domingo, 13 de diciembre de 2009

Otras... De lavaplatos y costumbres


Si, lo sé,  el post tiene un nombre un poco extraño, pero denle unos segundos y continúen leyendo y se darán cuenta del motivo.

Hace unos días fui al supermercado a abastecerme de algunas cosas, entre ellas lavaplatos, detergente para lavar vajillas para ser más especifica. Busqué y busqué en los estantes el detergente para lavar platos que siempre uso, no diré la marca porque aquí nadie me está pagando publicidad, pero si les diré que prefiero los lavaplatos en crema, pero por ningún lado encontré mi dichoso lavaplatos.

Solo en el estante estaba un lavaplatos en crema, que lo conocerán en la fábrica donde los producen, porque yo en mi vida lo había visto. El pequeño envase verde parecía mirarme con ojos de mascota en refugio de animales diciéndome: ¡Cómprame!, para colmo de males el nombre del producto tiene dos "o" que lucen como ojitos.

Los hombres no lo saben, pero para nosotras las mujeres esto de comprar hasta un simple lavaplatos es una decisión  trascendental, así que me quede unos segundos pensando en si llevarme o no el producto en cuestión, leí la etiqueta unas tres veces, lo abrí y lo olí, lo miré con desconfianza, pero tomando en cuenta que este es el supermercado que queda más cerca de mi casa y que me niego rotundamente a lavar platos con detergente para ropa, me llevé el pequeño envase verde, que me miraba con sus oes desde el carrito de compras como agradecido.

Durante el tiempo que tardé en tomar la difícil decisión de serle infiel a mi producto habitual, observé como muchas personas se acercaban al estante y ni siquiera se tomaban la molestia de leer la etiqueta del único lavaplatos que en ese momento estaba en el estante, simplemente daban media vuelta y se iban, cosa que me hacía dudar más de mi decisión, pero recordaba el olor del detergente para ropa en mi taza de café y renovaba mi voto de confianza en el desconocido.

Bien, el pequeño envase verde está orgulloso al lado del grifo y déjenme decirles que se ha portado a la altura e incluso ha superado mis expectativas, lo que me llevó a reflexionar un poco y por consiguiente a redactar este post. ¿Cuantas veces no hemos dejado pasar cosas buenas por no aventurarnos en lo desconocido? ¿Cuantas veces no hemos dicho la odiosa excusa de "Más vale mala conocida que buena por conocer"?.

Sé que en este caso sólo se trata de un simple lavaplatos, pero es perfectamente aplicable a otros ámbitos de nuestra vida diaria (también es válida cuando de presidentes se trata). ¿Por qué a los seres humanos nos cuesta tanto romper con las costumbres?. Ahora que mi lavaplatos; hecho en Venezuela por cierto, me demostró que no sólo lo que conozco puede ser bueno, estoy resuelta a tomar nuevos riesgos, quizás me lleve más gratas sorpresas, ¿Por qué no? tal vez cambie de champú; vamos un paso a la vez.

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