domingo, 15 de noviembre de 2009

Otras... Musicalizando el apretujamiento



Pocas cosas en el mundo me proporcionan tanto placer cómo oír la música que me gusta, que a mi modo de oír es buena música pero que a otro le puede resultar un tanto aburrida, y la segunda es leer, nuevamente a mi modo de ver un buen libro, es que aquí el adjetivo "buen" es muy relativo, pero de eso conversaremos en otra ocasión.

Pero a pesar de disfrutar tanto de estos dos placeres o quizás precisamente por disfrutarlos tanto, no puedo llevarlos a cabo simultáneamente, si leo no puedo oír música, créanme no me concentraré y tendré que regresar sobre lo ya leído, más no comprendido, en múltiples ocasiones.

El tiempo en que me es más satisfactorio realizar alguna de estas dos actividades, es en mi viaje al trabajo, en el metro, soy de las persona que se aísla en el refugio de alguno de estos dos placeres durante los veinte o treinta minutos que me toma el recorrido al trabajo (no tomemos en cuenta los días en que el metro tiene sus acostumbrados y tan comunes retrasos). Busco un asiento (Si, lo busco que para eso me levanto temprano) donde la gente a quien lastimosamente le tocará ir de pie no me tropiece, saco mi libro e inmediatamente me traslado a otro mundo, a otra ciudad, a otros tiempos, en mi viaje al trabajo he acompañado a Edmundo Dantes en su cautiverio en el Castillo de If, a Fernando Vallejo en su natal Medellin, a Ricardo Somocurcio en París, Londres y Perú y hasta he estado con los Tecton en su mundo subterráneo.

Es precisamente el leer la actividad que realizó con más frecuencia en el metro, escuchar música lo puedo hacer hasta caminando, pero no hay nada que para mi sea más molesto que precisamente en el momento en que la lectura se pone más interesante, que siempre coincide con el momento en que el tren en el que viajo está a reventar, se suba un personaje con un celular escuchando música por el altavoz del mismo.

Si, este personaje se sube, se ubica al lado del asiento en el que viajo con su celular enganchado en la correa y con un vallenato torturando el altavoz del celular y a todos los que estamos a diez metros a la redonda de él. Nunca jamás de los jamases se ha subido uno escuchando por el altavoz la serenata de Schubert o el bolero de Ravel; no, ellos escuchan a las seis y media de la mañana un vallenato llorón, bueno ¿que vallenato no es llorón? y obligan a los demás a escucharlo también.

No hay cosa más horrible que ser trasladado de un tirón de la École Militaire al apretujamiento del metro por culpa de un personaje que desconoce o ignora para que carajos los celulares vienen con unos audífonos, imagino que estas personas al abrir la caja en donde viene el celular toman la bolsita con los audífonos, la miran cual cavernario observando fuego y se preguntan ¿Para que serán estas cositas?, bien mis queridos amigos musicalizadores de apretujamientos, esas pequeñas cositas las conectas al celular y los extremos, que son semejantes a pastillas un poco grandes, las pones en tus oídos y como por arte de magia tú y sólo tú oyes tu magnífico vallenato.

Así que si tu que me lees, eres una de las personas que anda en el metro musicalizando el apretujamiento, entiende dos cosas, una: la relatividad del adjetivo "buena" en lo que a música se refiere y dos: oyes mucho mejor la música cuando te pones los audífonos.

2 comentarios:

  1. Vallejo es un autor raro. NO me animo a despacharlo con una sentencia simplificadora. Esa novela tiene momentos memorables. Como esa donde él, vestido elegantemente, va saliendo del velorio en el que atentan contra ellos. Su estética se centra mucho en el desencanto que deviene en cinismo de toda una sociedad marcada por la violencia. No pude con Mi hermano el alcalde. El tono paródico con el que describe la corrupción latinoamericana me aburrió un poco.
    Saludos

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  2. Gracias por comentar Héctor.
    Tienes razón Vallejo es un autor bastante peculiar, ahora mismo estoy leyendo, de él también el ensayo "La puta de Babilonia" y el tema es muy interesante, pero a veces lo siento como una avalancha de datos históricos que no manejo y que me hacen detenerme a buscar un poco de información al respecto, así que asumo que lo terminare para el 2010, después te comentaré mis impresiones.
    Saludos.

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