lunes, 16 de noviembre de 2009

Letras... La Virgen de los Sicarios

No se muy bien como describir el sentimiento que produjo en mi esta novela de Fernando Vallejo, no se si me gustó o no me gustó, ha de ser porque quiero tanto al país hermano que no se me hace muy agradable la forma en que Vallejo se expresa de los colombianos y más específicamente de su natal Medellín.

La novela muestra una cara muy dura y muy fea de la realidad actual de Colombia como lo es el sicariato, lo hace con las palabras más duras y más crudas. Hay dos cosas en el libro que sé que tocaran fibras sensibles en muchos de sus lectores, la abierta descripción del amor homosexual y la religiosidad profesada por los sicarios como un contraste siniestro en su forma de ganarse la vida. Es una novela semi autobiográfica por lo que te hará amar u odiar a Fernando Vallejo, quizás, si eres colombiano, lo odies mucho más de lo que lo ames.

Aquí les dejo el texto de la contraportada, no se como ponerle puntuación a esta novela porque me produjo sentimientos encontrados, así que dejaré que ustedes mismos le den la valoración que consideren se merece.

La virgen de los sicarios es una descarnada parodia de la violencia que afectó a Medellín durante el auge del cartel dirigido por Pablo Escobar. Aquí, Vallejo se representa como un anciano homosexual de conservadoras costumbres y de espíritu elitista que se dedica a la gramática y que regresa a su ciudad natal después de largos años de exilio en busca de amantes adolescentes y en espera de la muerte. Con humor cáustico describe la ciudad y sus habitantes, nada escapa a su afán desacralizador y a su mirada crítica. El dominio del lenguaje oral y callejero le permite recrear certeramente la grotesca y desmesurada violencia y logra conmover al lector y hacerle ver de nuevo la tremenda realidad nacional que muchos quisieran olvidar o pretenden ignorar. El cinismo del narrador no tiene límites porque no busca justificarse, ni justificar su conducta. Expone los hechos en forma directa, sin digresiones explicativas y sin hacer concesiones al lector. Su intención no es entretener o mostrar algo desconocido; su intención es sacarnos de la pasividad y el letargo creado por el miedo y la violencia y hacernos participar de los hechos.




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